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Anime: 100 años y contando.

Un gran Samurai compra una catana para vencer a sus enemigos. Sin embargo, es derrotado dos veces, con patada y costalazo incluido. Esta es la historia de cuatro minutos que cuenta uno de los tres cortometrajes precursores del anime japonés que cumple un siglo de historia y, por eso, el Centro Nacional de Cine de Japón festeja este año. Su nombre es Namakura gatana.

El anime es la animación que usan en Japón para contar historias. No solo son series. También incluye trabajos para televisión y cine. Un arte que se ha apoyado en el manga, cómic japonés con una tradición de cerca de 150 años.

Ha sido tan influyente que sus creadores más relevantes son en su mayoría mangakas o dibujantes de manga. Entre los tipos de anime se pueden encontrar los shonen (acción), shojo (para público femenino), kodomo (infantil) y hentay (pornografía). Además de aquellos seguidores que interpretan a sus personajes, los cosplayers.

El nacimiento del anime se remonta al corto mudo hecho en EE. UU. en 1906, Humorous phases of funny face, con rostros en movimiento dibujados en un tablero. Se suma el trabajo de Francia en 1908 con su corto Fantasmagorie, considerado el primer cartoon animado.

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Ya para 1910 llegan a Japón los dibujos animados occidentales, lo que empujó los primeros trabajos profesionales nipones.

Desde entonces, el anime japonés ha tenido evoluciones de la mano de maestros como Osamu Tezuka, creador de Astroboy en 1963, la primera serie animada japonesa con una trama. En ella se cuenta la historia de un niño androide construido por el Dr. Tenma que con sus poderes lucha contra el mal.

Como no hablar de Hayao Miyasaki que en 1985 cofundó Estudi Ghibli y es padre del filme Mi vecino Totoro, personaje que ya es parte de la cultura popular al convertirse en la imagen del famoso estudio. Además, se ubicó en el puesto 18 en la lista de los 100 mejores personajes animados de la revista Empire en 2010.

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De occidente a oriente

Walt Disney, el animador estadounidense, fue una gran influencia para el trabajo que Japón realizó en sus inicios. Astroboy, con sus ojos grandes, es un ejemplo de ello, dice el youtuber especializado en cómics Gabriel Gamora, “Comemente”: “Disney es la razón primordial por la que los personajes de la animación nipona no tienen ojos pequeños como son fisiológicamente los japoneses”.

Una opinión parecida tiene Víctor Zapata, director de RyuHiKai, Corporación Cultural Colombo Japonesa de Medellín. “Tezuka se convirtió en uno de los directores más importantes por sus propuestas innovadoras; estudió animación con Disney y luego aplicó la técnica en sus mangas”.

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Si occidente marcó al anime en sus inicios, la situación se revirtió. Daniel Alejandro Torres, director de la empresa de contenidos geek Ágora radial, explica que la representación exagerada de emociones, el estilo visual y las tramas más maduras y oscuras, tan característicos de la animación japonesa, se pueden apreciar en los programas de esta lado del mundo.

“Incluso, ángulos, poses y coreografías son emulados del anime”. Otro trabajo inspirado por los japoneses fue el Rey león (1994), aunque sus desarrolladores siempre lo han negado. El clásico de Disney tiene muchos detalles de Kimba, el león blanco (1965), aquel felino que en la serie de anime busca la paz entre humanos y animales.

Diferencias

Mientras que en Estados Unidos, desde los 60 hasta principios de 90 realizaban animación para un público infantil, Japón empezó a usar el anime para contar toda clase de relatos, también para adultos.

Sus temas eran más profundos y elaborados, tal es el caso de Mazinger Z, Candy Candy y Akira (ver gráfico). Allí radicó su transformación y su personalidad. “Ellos se atrevieron a narrar otro tipo de historias, como la de Angels egg (1995), con elementos rarísimos, poco diálogo y detalles surrealistas, en el que una niña en un mundo posapocalíptico cuida de un huevo. El anime le pide al espectador que ponga de su parte para entender”, dice Sergio Villa, docente y dibujante de cómics.

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La fórmula funciona: es un buen mercado. En 2015, según la Asociación Japonesa de Animación, generó US 15.900 millones en el mundo.

El anime tiene infinitas posibilidades para contar y eso le augura un futuro. Por ahora, Netflix prepara para agosto una serie con actores reales basada en el anime de culto Death Note en el mundo. En su historia, los nombres que aparecen en un libro maldito determinan la muerte de alguien. Por fortuna, no está el del anime, y la fiebre por este formato continuará…

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Información de el colombiano, escrito por Juan David Umaña Gallego.

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