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¿Salvaje o sin aliento? Legend of Zelda: Breath of the wild.

Por Ismael Borunda

Vengo a bajarle la espuma al chocolate del reciente éxito, y ¡Uff!, sí que queda corto el calificativo, de Nintendo, The Legend of Zelda: Breath of the Wild, (BotW) para Switch y Wii U.

Imagen relacionada¡No me malentiendan! Está buenísimo el chocolate, me lo he estado bebiendo a galones las últimas 155 horas, según el contador de mi flamante Switch; que seguirá igual de flamante lo que resta del año, porque ni Mario Kart ni Splatoon son mi tipo y no se ve nada interesante. Resta la espera de Super Mario Oddissey en noviembre.

No dudo ni un segundo en llamar a BotW uno de los logros más brillantes en la lista de la Gran N en los últimos años, junto a Super Mario Maker. Es gigantesco, emocionante, consigue un aire de libertad (¡Badum TZZZ!) como muy pocos juegos en la línea de los llamados Open Worlds (Grand Theft Auto, The Elder Scrolls y Minecraft; ejemplos emblemáticos por si les hace falta referencia).

El diseño es contundente a las críticas más sonadas de la saga en sus últimas entregas: la baja dificultad y la poca libertad en el progreso de la trama, asuntos que convirtieron a Twilight Princess y Skyward Sword en verdaderos dolores de cabeza en muchos aspectos. En BotW es un verdadero gozo descubrir el Hyrule salvaje planeando, corriendo, galopando o surfeando.Imagen relacionada

Es un juegazo, no hay mayor discusión. ¡Pero! El hype ha hecho de las suyas otra vez encumbrado a un muy buen juego y llamándolo “obra maestra”, cuando, no; sí, sí, o sea, está bien sí, ok, sí… pero no. BotW deja muchísimo que desear para ocupar un lugar junto a los grandes-grandes de la historia como Super Mario Bros 3, Deus Ex, Bioshock o la trilogía de Mass Effect.

No revoluciona nada en cuanto diseño, no propone ideas particularmente novedosas en el ámbito del mundo abierto. El diseño artístico, aunque muy bueno y refinado, no es el mejor en la serie, ni el más original, pues toma claros elementos de The Windwaker y Skyward Sword, haciendo poco para construir una identidad visual propia.Imagen relacionada

Sin mencionar lo que el juego hace simplemente mal: la trama es un remedo de excusa dramática y la música es prácticamente inexistente, cuando se hace presente, apenas se nota… Como les dije yo le metí unas muy buenas 150+ horas al juego y no recuerdo ni un solo tema musical para el pedigrí de Zelda, eso resulta verdaderamente inexcusable.

En fechas recientes me volví a comprometer con la maravillosa experiencia que The Witcher III (que si no conocen: solucionen AHORA), que si bien es bastante distinto a BotW, comparte muchos aspectos de los que el título de Zelda pudo haber tomado notas muy importantes.

The Witcher III tiene un cuidado por demás meticuloso en el diseño de sus sidequests (misiones secundarias). Cada una es una pequeña historia en sí misma y el beneficio de completarlas es cuantioso y significativo. Resultado de imagen para legend of zelda breath of the wildEn BotW lo único que recibes es dinero, que al principio del juego es importante, pero después de las 30 horas de juego tienes tantas rupias en el bolsillo que no hay forma de gastarlas todas, haciendo que algunas misiones se vuelven irrelevantes. Esto constituye un gran error de diseño, pues la misión principal del juego no llega ni al 25% del total del contenido. Además las misiones resultan poco interesantes en su mayoría: conseguir comida, darle la vuelta a un edificio, ganar alguna competencia, etc. ¡Lo peor es que Zelda ya tiene un ejemplo magistral en este respecto! Mi actual poseedor de favorito en la franquicia, Majora’s Mask.

Por último, la actuación de voces es a aceptable, al menos; aunque los personajes son acartonados y construidos como verdaderos clichés: el engreído, el buena onda, la tímida y la valiente. Zelda (la princesa, no la franquicia) sí que resulta interesante, y la historia gira más en torno a ella que al propio Link, pero nada hay en ella que impresione o rompa algún esquema tradicional.

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La verdad es que vine aquí a quejarme más como desahogo personal que como agente de la justicia. Como sea, Breath of the Wild es un verdadero portento, vale cada centavo y no dudo en recomendarlo bastante. Tanto para fans de la saga como para cualquiera que sea aficionado a los videojuegos. No hay que dejarse llevar por las oleadas de emoción fanática, como en aquel 2012 que nos legó Skyward Sword (bodrio ¡no lo nieguen!).

                          Reset y nos leemos al rato.

 

  • Puedes encontrar a Ismael en twitter como @ismatuits

 

 

 

Ismael Borunda es Chihuahuense, treintero, maestro en Estudios de Arte y Literatura por si hace falta presumir. Junkie del ocio el resto del tiempo. Si no lo estás viendo directamente es probable que esté tomando café.

 

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